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Thursday, November 13, 2014

Un médico muy médico

    El doctor Calixto Machado, renombrado neurólogo y neurofisiólogo, premio nacional de Salud Pública, tiene en su Cuba querida una laboriosa batalla investigativa por rescatar la conciencia humana de las sombras.


    José Alejandro Rodríguez



La noche del 6 de Mayo de 2011, en la ciudad de Filadelfia en los Estados Unidos, el corazón del doctor Calixto Machado no estalló de milagro ante tamaña sorpresa. Ahora lo recuerda mientras camina bañado en sudor desde su casa, en plena Rampa habanera, hacia el Instituto de Neurología y Neurocirugía de Cuba, donde ha fecundado más de 30 años en la investigación científica.

El eminente neurólogo y neurofisiólogo cubano, Investigador de Mérito dedicado a la muerte encefálica, estados vegetativos de conciencia y el linde definitorio entre la vida y la muerte; el presidente de la Sociedad Cubana de Neurofisiología Clínica y de la Comisión Nacional para la Determinación y Certificación de la Muerte, del Ministerio de Salud Pública, de súbita emoción pudo haber traspasado la frontera irreversible, y hoy no estuviera haciendo el cuento.

Ahora, lamentando el deceso definitivo de su renqueante y leal Moskovich, que tanto le sirvió, sube la calle 23 y evoca aquella noche solemne, ajena al sainete habanero, cuando la Academia Internacional para el Desarrollo del Cerebro del Niño, una institución científica sin objetivos de lucro, le entregó el Premio al Investigador del Año por la Obra de su Vida, entre prominentes sabios de todo el mundo.
No recuperado aún del asombro, el doctor Machado apretó esa noche en sus manos la Estatuilla con Pedestal, un niño desnudo de bronce que simboliza el desvelo de los neurocientíficos por rehabilitar la conciencia humana. La estatuilla le pesa una tonelada en el maletín por plena cuesta de la Rampa, porque un periodista cubano se ha encaprichado en entrevistarle esta mañana.

Calixto —Caqui para los suyos, que son bastantes— recuerda ahora las palabras hermosas que le prodigaron con la estatuilla por considerarlo «un precursor durante más de tres décadas en el campo de la neurología y la neurofisiología clínica»; alguien que «ha investigado, escrito y enseñado sin descanso para mejorar la comprensión de la conciencia a nivel mundial». Pero la frase de la fundamentación que le disparó la presión arterial fue: «Donde había penumbra, él ha llevado la luz de la comprensión; donde había misterio, él ha llevado respuestas que mejorarán significativamente la condición humana».

Cuando las notas del Himno Nacional de Estados Unidos movían la bandera de las 50 estrellas, Caqui pensaba en La Habana, en la eterna Yasmina de todo el amor; en sus dos hijas por el sendero de la Medicina; y en el talón de Aquiles de sus equilibrios, el nieto Mauricio. Revivía también a su padre allá en el natal Jovellanos: el doctor Calixto Machado, que le enseñó el respeto a la bata blanca; y a su madre, Julia Curbelo, que le dio el anticuerpo de la bondad para enfrentar torceduras.

Durante la ceremonia, el Doctor en Ciencias experimentó sensaciones aleatorias. Por sobre el himno y la bandera de Estados Unidos, sintió en sus oídos el de Perucho Figueredo, y vio la de las cinco franjas y una estrella. Alucinado, asistía a la unión de tantos emblemas que otras fuerzas hostiles, no muy lejos de la distinguida ciudad de Filadelfia, quieren ver encontrados y punzantes.
Una rara mezcla

La Asociación no había hecho más que inclinarse, por encima de muchos determinismos, ante una rara mezcla de talento, voluntad, audacia y compromiso con la vida humana, desde el estudio de la muerte. Era la reverencia ante la sabia tozudez de una eminencia cubana durante años, por reconsiderar el estado de muerte no precisamente en el corazón, sino en la pérdida irreversible de la conciencia y todas las funciones cognitivas y afectivas, por aniquilación encefálica. Un hombre que nos salva.
En la cena de homenaje que sucedió a la ceremonia de premiación, ya el doctor Calixto Machado era Caqui. Se aflojó la corbata y, con su inglés impecable y el espíritu musical que le corre por las venas, entonó My Way, de Paul Anka: I planned each charted course, each careful step along the byway. And more, much more than this, I did it my way… A su manera, como él ha entendido la vida.
Días después recibió en la ciudad de Orlando, en La Florida, el Premio a la Investigación al Mejoramiento Neurológico Funcional del Cerebro Humano, de parte de la International Association of Functional Neurology and Rehabilitation. Dictó conferencias en John Hopkins (Baltimore), Jackson Memorial (Miami); y en las newyorkinas Columbia University y Cornell University (ir a bailar a casa del trompo, en la Meca de los estudios de trastornos de conciencia).

Como si fuera poco, el varias veces laureado premio nacional de Salud Pública de Cuba, de la Academia de Ciencias de la Isla y miembro correspondiente de la Academia Americana de Neurología desde 1990, en 2005 recibió de esta última el Premio Mc Henry, cuando solo lo habían obtenido 15 norteamericanos, un francés, un italiano y un belga.

Si se tiene en cuenta que es un «cubano de Cuba» uno supone cuánto se habrá alzado y revelado su obra científica para imponerse a contracorriente de distancias, contradicciones y desentendimientos.
Siempre volver

De sus viajes frecuentes a Estados Unidos por razones científicas y profesionales, el doctor Calixto Machado siempre retorna a los suyos; al fárrago sudoroso de La Habana y sus problemas, al sitio único, a la ínsula de sus aspiraciones de buen hombre.

Allá en Norteamérica, algunos lo perciben como un ser raro. Y no le han faltado propuestas y anzuelos suculentos. Pero Caqui vuelve a su rincón de trabajo en el Instituto de Neurología y Neurocirugía sin alardes ni estridencias, repartiendo el cariño y la sencillez de un cubano cabal; reconociendo que sus alcances en la ciencia son parte de una inteligencia colectiva, de un gremio de investigadores deslumbrantes, de un país con vocación para el talento gregario.

Tanto que le gusta hablar y comunicarse, y ya las preguntas del periodista lo encuentran cansado. Le interrumpen el itinerario de su jornada, que se debate entre el tiempo para la investigación y las buenas acciones hacia cualquiera que irrumpa en su despacho o lo interpele en la calle; hasta hacer expedita una gestión a un médico ya jubilado, que muchos olvidan, pero él no.

El entrevistador insiste, y Caqui deja para el final la definición del sueño de su vida, la estrella que alzará en la cumbre su obra científica, luego de haber investigado tanto sobre la concepción neurológica de la muerte.

Para un hombre tan vital, que se autodenomina feliz, pareciera que la muerte es una obsesión morbosa y recurrente, aún desde la ciencia. Pero Calixto confiesa que a pesar del desarrollo tecnológico de la neurología, el cerebro humano sigue siendo un gran desconocido, un enigma. «Defender, salvar y rehabilitar el cerebro decide la vida», sentencia.

El respeto a la bata blanca

El doctor Machado es un neurofisiólogo y neurólogo investigador, pero, a fuerza de vindicar a su padre, no abandona completamente la medicina clínica. Y tiene un gran respeto por la bata blanca, como le inculcó «el viejo». «El médico todo lo tiene que ver, bata por medio, para hacerse respetar y querer», manifiesta. Cree mucho en aquello de mirarle a los ojos al paciente, de palparlo en el cuerpo y en el alma, de hablarle y no despedirlo rápidamente, por muchos ultrasonidos y aparatos que detectan pero no sienten.

El periodista duda de la «felicidad» autoproclamada por el galeno, porque ningún entrevistado de su vida profesional ha sido tan absoluto en tal sentido. Y Caqui se defiende: «Es mi felicidad. Nací de una gran familia, de médico, en un pueblo afectuoso como Jovellanos. Tuve una infancia plena en un hogar estable y feliz, estudié lo que quise, fundé una familia amorosa con mi única novia. Amo mi país, disfruto de la vida todos los días y alejo a la muerte. Soy selectivo con mis amigos. Me siento realizado y muy reconocido en mi profesión. Y lo más importante: soy un buen hombre».

Casi es codiciado ese currículum vitae. ¿Tanta consumación no concitará el áspid de la envidia y los celos profesionales? Sí, los ha sentido muchas veces, y reconoce que le han perturbado en ciertos momentos, pero ha logrado hacerse de una buena coraza para alejar el rencor. Siente que es mayor la fuerza del reconocimiento, el afecto y la amistad.

Si usted lo dudara, pruebe a caminar con el «feliz» por los pasillos y exteriores del Instituto de Neurología y Neurocirugía, y va a descubrir que tanta gente que lo saluda, lo besa y lo abraza, compañeros de profesión y trabajo o pacientes, no pueden estar equivocados. «Un abrazo no tiene precio», significa.

Se autoproclama un cubanazo. Y siente que, cuando llega a un sitio, impone esa manera sencilla y natural que tiende puentes y no muros. «Eso lo aprendí desde niño en la consulta de mi padre, que fue excelente como médico y como ser humano. Un clínico de la vida, un médico muy médico, que lo mismo abría un tórax que hacía una cesárea. Un hombre muy hombre».

El periodista imagina una cola de jóvenes ansiosos por pasar pruebas de aptitud para ingresar en la carrera de Medicina. ¿Cuál sería la premisa o el tamiz con que el doctor Machado haría la primera decantación?

—Fuera los que no sientan el sufrimiento ajeno, resume.

La investigación científica se cincela también con muchos fracasos y paciencias. Él lo sabe: «Son muy arduos los estudios sobre trastornos de conciencia (desde estado de coma hasta vegetativo. Puede esa persona hasta abrir sus ojos, pero no tiene intercambio cognoscitivo. Estamos tratando de buscar vías de rehabilitación de esos pacientes, que la lógica común desecha. Ya de por sí el concepto «estado vegetativo» es peyorativo».

Le solicito al doctor alguna evidencia de que él y otros investigadores no están arando en el mar del imposible. Y me cuenta, con la alegría de hallar un juguete extraviado por años, que han comprobado una especie de lucecita en niños que se encuentran en estado vegetativo, supuestamente desconectados del mundo. Cuando cualquier persona les habla al oído, las imágenes recogidas del cerebro no reflejan ninguna respuesta. Pero si lo hacen las madres, se perciben señales mínimas de activación.

«Estamos rompiendo un tabú», manifiesta pícaramente.

—¿Se acaba la entrevista y no va a develarme su sueño?

—Lograr que al menos esos niños puedan sonreírles a sus madres.

Monday, October 27, 2014

Apuntes sobre una visita a Miami

    Ante el impacto que ha producido en mí, en muchos sentidos, salir de mi país por primera vez en 21 años, y específicamente a los Estados Unidos, Miami, un lugar tan controversial pero a la vez tan cercano y tan familiar para los cubanos de la Isla, me animo a compartir con ustedes algunas experiencias que me han marcado.


    Jorge Ignacio Guillén Martínez
    Cubano, Estudiante de Economía


Expectativas desde Cuba

Desde el mismo instante en que te enteras que saldrás del país, tu cabeza comienza a dar vueltas, si eres joven creo que aún más. Comienzas a imaginarte ¿cómo será, qué habrá, qué encontraré, qué traeré, a quién veré? Y simultáneamente comienzas a asustarte: ¿me irá bien, podré ver a mis amigos, salir, conocer, tendré problemas en el aeropuerto?, y todos los demás miedos que son normales para quien va a vivir algo que siempre ha visto lejano, casi imposible, un sueño.
Primer Impacto

Montarte en el avión ya te produce una sensación extraña, ya notas otro ambiente. El vuelo es algo increíble. ¿Cómo es posible… apenas me da tiempo a tomar un jugo y ya estamos en Miami? ¡Qué cerca está!…

La llegada también indescriptible para mí. ¡Cuántos carros, qué lindas se ven las casas desde arriba, y las luces, ni hablar de eso!.. Pareciera que estaba en una película, cosas normales para cualquier ser humano, pero para mí sinceramente increíbles, existentes solamente en un mundo de fantasía.

Te bajas del avión totalmente deslumbrado, sin embargo, aun te faltan cosas mucho más increíbles por conocer. Un aeropuerto inmenso, una gran caminata en escaleras y esteras eléctricas para encontrar la maleta y poder salir, mi primer pensamiento: ¡Ñooo, qué clase de gasto de corriente!

Cuando salgo al salón donde están las esteras para recoger mi maleta, nuevamente asombrado y asustado, ¿¡ahora dónde está!? Y cuando al fin salgo por la puerta donde deberían esperarme, no encuentro a mis amigos… Un rato después aparecieron y por fin pude estar más tranquilo. ¡Qué alivio!

Interactuar con la gente

Pasó el impacto del primer día y ya un poco más relajado, comienzo a observar, a analizar, a conocer cómo vive la gente, cómo piensan, cómo se expresan respecto a Cuba…

Según van pasando los días me doy cuenta de que hay dos grandes grupos de cubanos en la diáspora: 1. Los que se preocupan y trabajan por Cuba y por su libertad. 2. Los que se preocupan por vivir bien ellos y sus familias, que en última instancia también es preocuparse por Cuba, aunque no quieren saber nada de libertad o democracia. Todavía en un país libre tienen miedo.

Gracias a Dios pude intercambiar y compartir con una parte de ambos grupos. El contacto con el segundo grupo es más superficial, más “pacotillero”, más de salir a lugares, de que te regalen cosas, de que te lleven a comer o a bailar o a conocer lugares increíbles. Es un compartir que no es malo, pero que le falta algo, es como compartir con la mayoría de los cubanos que están aquí, pero con la diferencia de estar en un país desarrollado, andar en carro, comer bueno, dormir con aire acondicionado, etc…

El factor común de la mayoría era decirme que me quedara en los Estados Unidos, que aprovechara la visa o que desistiera, que Cuba no tiene remedio y la única solución es irse de la Isla. Verdaderamente criterios que respeto mucho pero que provocaban en mí una gran tristeza, y que incluso por momentos me desanimaban.

El contacto con los cubanos que se preocupan por la realidad de Cuba, por su libertad y por la búsqueda de una democracia, era más humano, más anímico, aunque con todas las personas no era igual. Encontrabas personas muy radicales, muy dolidas, muy exageradas, etc., pero en casi todos había un factor común: el deseo de que Cuba cambie, y el intento de aportar algo para que esto suceda. Creo que eso es lo fundamental. Pude apreciar que hay mucha diversidad de criterios en cuanto a los caminos a seguir para construir una Cuba nueva, pero también que se está evolucionando en cuanto a la búsqueda de la unidad en la diversidad, y en esto ha contribuido mucho el intercambio que se ha estado produciendo entre los cubanos de acá y los de allá, todos de una misma nación.

Sentí mucho la cercanía de estas personas, la mayor parte de ellas se interesan en compartir experiencias sobre Cuba, en solidarizarse y en apoyar a muchas personas que dentro de Cuba trabajan por la libertad y la democratización del pueblo cubano.

Participar en el Congreso de ASCE

Este fue el principal motivo de mi visita a Miami, para mí un gran reto. Una experiencia única, totalmente nueva, a pesar de que soy estudiante universitario. Fue muy enriquecedor compartir con estudiantes de otros países y de los Estados Unidos, también con profesores de prestigiosas universidades, exfuncionarios del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Sin duda alguna para un joven estudiante de economía en Cuba es una experiencia increíble. Tener el placer de presentar una ponencia delante de estas personas es también, además de un gran desafío, un motivo de inmensa satisfacción…

Fue un aprendizaje constante, siempre trataba de “sacarle algo” a cada conversación, a cada detalle, de manera tal que me fuera posible realizar una valoración crítica sobre todas las cosas que viví, pues esto tiene una gran importancia para todo aquel que esté interesado en poner su aporte para el futuro de Cuba.

El congreso significó para mí un encuentro con la libertad, con la pluralidad, con la solidaridad y los distintos y fuertes lazos existentes entre las partes de una nación dividida. Tampoco puedo dejar de mencionar que fue un congreso más de pesimismo que de optimismo, más de queja que de propuestas para el futuro de Cuba, algo lamentable que creo debe ser remediado con la mayor rapidez posible.
También fue motivo de gran satisfacción y alegría para mí representar, no solo en el congreso, sino durante todo el viaje, alProyecto Convivencia.

Una experiencia de lealtad a la Nación

El hecho de que la mayoría de los cubanos -que tienen quien les page un viaje al extranjero- podamos salir del país, invitados a congresos académicos, a cursos de formación, además de otras actividades que respondan a la búsqueda de una verdadera democracia en Cuba, es algo muy bueno para seguir fortaleciendo a la sociedad civil cubana. Representa un aprendizaje que sin dudas tributará a que se sigan articulando iniciativas y proyectos, al igual que fortaleciendo las ya existentes, todas en pos de preparar las condiciones para que tengamos un futuro de justicia, de libertad, de paz y prosperidad.
En el ámbito personal también representa una gran oportunidad de superación personal, una experiencia de lealtad a nuestra Nación, permite aprender a mirar las cosas desde otros puntos de vista y por supuesto nos pone a prueba en muchos sentidos.

Cada día en Estados Unidos era un sueño, en el que imaginaba a Cuba no igual, pero sí con libertad, con oportunidades, con prosperidad y sin tanto dolor en las calles. En mí se despertaban cada día, con más fuerzas, los deseos de que Cuba cambie, de que se convierta en un verdadero hogar para todos los cubanos.

Sobre el Autor
Jorge Ignacio Guillén Martínez nació en Candelaria, Pinar del Río en 1993. Es laico católico estudiante de economía.