Wednesday, November 26, 2014

Estafan a un paciente diabético de 68 años

    Hace alrededor de un año Raúl Herrera Reytor de Jaruco, cerca de La Habana, acudió a la consulta de Oftalmología en el policlínico de su pueblo. Allí, entre otras cosas, le debían medir la vista y dar la orden para sus espejuelos.


    Jesús Arencibia Lorenzo


Hace ocho meses, en el mes de Marzo, Herrera Reytor se dirigió a la óptica del municipio. La recepcionista le hizo el trámite correspondiente y le explicó que el periodo de entrega era de tres meses, lo que comenzó a alarmar un tanto al paciente, pues él había escuchado a directivos del ramo afirmar en espacios televisivos que el lapso era de dos meses, narra el lector.

A partir de ese momento —evoca— mes tras mes se ha encaminado Raúl a la óptica para intentar recoger los «segundos ojos», sin los cuales no puede siquiera leer las indicaciones de los medicamentos que toma.

«En una ocasión, hace ya cuatro meses, me dijeron que habían llegado, pero no se correspondían con los que yo necesitaba, por lo que fueron devueltos a San José de las Lajas, que es donde radica el taller.

Posteriormente me informaron que ese taller había cerrado y los pedidos habían sido enviados a La Habana unos y otros a Artemisa. No sé adonde irían los míos. Haciendo gestiones por mi cuenta, me dirigí al taller de Artemisa y me sorprendí bastante cuando me dijeron que allí los espejuelos se hacían con rapidez, solo que San José no tenía transporte para recogerlos».

Ante las dilaciones y la poca información, la esposa de Raúl se dirigió a las autoridades de la provincia. Y fue derivando desde el Departamento de Atención a la población del Consejo de la Administración Provincial, a la instancia homóloga a nivel municipal y de allí, nuevamente, a la óptica, apunta el remitente.

A esa última entidad su queja llegó y, al momento de escribirnos (10 de noviembre) ya casi se cumplía el mes de su recibo, mientras Raúl continuaba «sin respuesta y sin espejuelos».

Se trata de un paciente diabético, de 68 años, con gran afectación visual. «No sé ni adonde habrán ido a parar, si a Artemisa o a La Habana, aunque adonde haya sido no importa, pues no los han hecho», señala con angustia. «Y me temo que cuando lleguen, tanto habrá sido el tiempo transcurrido que ya necesitaré otros». Además de los perjuicios que ello le causa desde el punto de vista de su salud, el lector se lamenta pues, «yo pagué por ellos», reflexiona.

El abuso descomunal con un anciano diabético, que en realidad ya es una estafa, la irresponsabilidad mayúscula del sistema de salud cubano, todo ello, insisto, de acuerdo con lo narrado se ve clarito clarito, sin necesidad de espejuelos.

Un segundo caso de estafa del gobierno a los ciudadanos

El capitalino Idonir Ramírez Pagés de Calle 3ra en el Reparto Cuervo del municipio de Boyeros desde 2009 es cliente de ETECSA, la compañía telefónica del gobierno cubano, y según cuenta nunca se ha atrasado en un pago a la empresa. Sin embargo, él siente que del otro lado de la línea las cosas no han funcionado igual.

Y para fundamentarlo, asevera: "No recuerdo la de veces que he tenido que reportar en este año al 114 (Reparaciones de ETECSA) a la compañía para que revisen las líneas, pues la mayor parte del tiempo el teléfono está sin corriente, y en las visitas que realizan a la casa me solucionan el problema, pero solo por pocos días".

Por otra parte, apunta el remitente, "pago en CUC el detector de llamadas y no se descuenta el tiempo de rotura", por lo que piensa que además de las deficiencias en el servicio de las que se queja, está pagando períodos de una prestación que no disfruta.

1 comment:

  1. En realidad lo que le ha pasado a Raúl Herrera Reytor de Jaruco es que ha sido víctima de una estafa cuyos culpables deberían ser castigados por la ley, no amonestados con charlas políticas, esa es la verdad. Lo peor que tiene la impunidad de cometer delitos es que se comporta como un cáncer: hace metástasis y acaba matando todo el organismo.

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